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Pedro Leyva Domínguez

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Drug Violence in Mexico

Guerra a las drogas

Informe Bourbaki

Superar la impunidad

Para la magnitud del problema que tenemos hacen falta miles…

    México D.F., 4 de noviembre de 2011 (PMP/HPC).- ”Hay muertos que no hacen ruido y son mayores sus penas”, mientras tanto hay otros que cobran conciencia, desde una manta o desde cientos de velas encendidas; hay muertos que agradecen que el olvido se olvide. Hay muertos que, pese a unirse a esta pesadilla, lo hacen desde la dignidad y la lucha por un país mejor, muertos como Carlos Sinuhé Cuevas Mejía, el estudiante universitario recientemente asesinado. Entre las dolidas familias que han perdido a sus seres queridos durante esta guerra inútil, se aclara que “no son muertos los que en dulce calma reposan en una tumba fría, sino los que tienen muerta el alma y viven todavía”.

    Lee tambien: Vela por la Paz y la Justicia: momento de memoria y para honrar a las víctimas

    A pesar de la gran luminosidad que recubre al Ángel de la Independencia la alfombra de velas desplegada a sus pies se abría paso lentamente. Varias personas construían, pese al augurio del frío, cientos de cruces, planeaban la arquitectura de una ofrenda que recubriría la base de esta conocida glorieta. Alrededor de 5000 cruces fueron construidas –la mayoría de madera- y cientos de veladoras fueron donadas. Nunca se paró la participación de mucha gente que martilleaba, que pegaba, que escribía los nombres de las víctimas en cada cruz, que revisaba los detalles de la ofenda, sin duda un gran trabajo en cientos de manos solidarias.

    Para el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) comenzaba una velada por las decenas de miles de muertos que ya tiene esta guerra encima, sí, encima, porque precisamente se trata de que no haya olvido y de que cada una de las personas asesinadas injustamente pese como hierro en la indiferencia y en la apatía, en la desfachatez del gobierno y en la conciencia de quienes lo encabezan.

    Conforme se instalaba la noche, la ofrenda cobraba forma y fondo, las mantas aparecían como recordatorios, las cruces se multiplicaron y las personas se aglutinaron para dar comienzo formal al evento. Un par de vueltas simbólicas a la glorieta y la participación de grupos ecuménicos de diversos credos religiosos fueron los primeros pasos de esta velada, luego vino el teatro y la música, luego el frío intenso, los ponches que hervían desde las ollas, el fandango que no paró en toda la noche (sin el cual hubiese sido imposible mantenerse con ánimos) y el ir y venir de los asistentes. El ayuno que algunos familiares de las víctimas asumieron, daba la nota de dignidad a la gran ofrenda.

    Una fiesta que en muchos sentidos resulta una tradición familiar ahora se convierte en algo público: la guerra convirtió la celebración de nuestros muertos en una indignación permanente. En este sentido Pietro Ameglio, integrante del MPJD, apunta que se trata de “un tipo de muertos que son colectivos y sociales, que nos pertenecen a todos, que van mucho más allá de nuestras propias familias, es algo en lo que todos los cuerpos de México estamos involucrados, en esta condenada guerra que nos han impuesta y que tanto nos lastima y que además no ha tocado su cúspide, porque va en aumento. Los muertos tienen nombre”.

    Lo relevante de esta ocupación del espacio público es que pone en la mesa la necesidad de hacer visibles a las víctimas de manera permanente, y para eso es necesaria una comisión de la Verdad y la Memoria que permita aglutinar datos pero que motive también la reflexión sobre cómo recordar a quien resultó asesinado en la guerra que aún sigue en pie. Los ejemplos en América Latina son varios, pero hablan de que son la movilización social y el nombramiento cuidadoso de cada persona asesinada, circunstancias que permiten cambiar el rumbo de lo previsto por el gobierno y su conveniente desmemoria.

    Mientras tanto, las cifras de desaparecidos y asesinados crecen día con día, las muestras de represión política son evidentes y ahora están a la vista de todo mundo (mientras estas líneas se escriben la policía de Cd. Juárez reprime a periodistas y ciudadanos que se manifestaban contra el olvido y la impunidad de esta misma guerra: http://www.facebook.com/notes/alicia-de-los-rios/comunicado-de-prensa-reprime-la-policia-municipal-de-juarez-a-jovenes-manifestan/2482647272852), la situación empeora y aún falta mucho por hacer, mucho por reflexionar, mucho dolor por sanar…

    Plataforma de Medios por la Paz/ Heriberto Paredes Coronel

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